MÓDULO 1
Análisis de necesidades

Directrices y ejemplos de actividades que pueden utilizarse para identificar las necesidades de los grupos destinatarios
Este capítulo presentará diversas teorías sobre las necesidades humanas que constituyen una base importante para comprender el proceso de evaluación de necesidades. Se explicarán varios de los métodos cuantitativos y cualitativos más utilizados para evaluar las necesidades, prestando especial atención a algunos de los enfoques más creativos. Asimismo, el capítulo abordará los principios éticos que deben respetarse a lo largo de todo el proceso de evaluación de necesidades.
TEORÍAS SOBRE LAS NECESIDADES HUMANAS
Un análisis o una evaluación de necesidades puede llevarse a cabo de más de una manera, ya que no existe un método estandarizado. Por lo tanto, es importante conocer el método adecuado que ofrezca los mejores resultados para aquello que estamos evaluando, y que nos conduzca a la mejora de los procesos y al uso óptimo de nuestros recursos. Esto también implica decidir qué necesidades tienen la mayor prioridad.
Según la teoría de las necesidades de Maslow (1943), las necesidades humanas se organizan en una jerarquía, con las necesidades biológicas (de supervivencia) en la base. Las necesidades más creativas y de «autorrealización» se encuentran en la cúspide:
- Necesidades biológicas (respiración, alimentación, agua, refugio, sueño).
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Seguridad y protección (salud, empleo, familia y estabilidad social).
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Amor y pertenencia (amistad, intimidad, sentido de conexión).
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Autoestima (confianza, logros, respeto de los demás, necesidad de ser un individuo único).
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Autorrealización (moralidad, creatividad, espontaneidad, aceptación, significado y propósito interno).
Este modelo no sigue una progresión lineal estricta. Las personas pueden sentir diversas necesidades al mismo tiempo o transitar entre los diferentes niveles. Aunque este modelo cuenta con numerosos críticos, sigue siendo útil en diversos entornos y puede ayudar a esclarecer las diferentes necesidades dentro del ámbito del trabajo con jóvenes.
Un modelo más flexible y dinámico es el modelo de la teoría ERG (Alderfer, 1969). Este modelo consta de:
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Necesidades de existencia: requisitos materiales y psicológicos básicos (alimento, agua, refugio, seguridad).
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Necesidades de relación: relaciones interpersonales y conexiones sociales (amor, pertenencia).
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Necesidades de crecimiento: desarrollo personal y autorrealización (self-fulfilment).»
Este modelo permite que las necesidades se traslapen y reconoce que las personas navegan entre diferentes niveles en función de las circunstancias.
La teoría de la autodeterminación (Deci y Ryan, 1985) se basa en tres necesidades psicológicas fundamentales:
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Autonomía: sentir que se tiene el control sobre las propias acciones y decisiones.
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Competencia: sentirse capaz y eficaz al interactuar con el entorno.
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Relación: sentirse conectado con los demás y apoyado por ellos.
Este modelo permite que las necesidades se traslapen y reconoce que las personas navegan entre diferentes niveles en función de las circunstancias.
Una breve descripción general de varias teorías clave sobre las necesidades humanas puede resultar muy útil cuando se trabaja con jóvenes con menos oportunidades (con antecedentes migratorios o de refugio, jóvenes con diferentes discapacidades o jóvenes de zonas rurales), así como con otros grupos destinatarios diversos. Dependiendo de la audiencia específica y del propósito de la evaluación de necesidades, se pueden aplicar de manera eficaz diversos métodos, tanto cualitativos como cuantitativos.
CONSENTIMIENTO Y CONSIDERACIONES ÉTICAS
Antes de iniciar cualquier evaluación de necesidades, especialmente una que involucre a jóvenes, es fundamental abordar las consideraciones éticas de manera integral y responsable. La investigación ética se fundamenta en los principios de respeto a las personas, beneficencia y justicia.[2]
Es importante tener en cuenta las consideraciones éticas y el consentimiento informado al realizar una evaluación de necesidades. Cada participante debe otorgar su consentimiento informado y voluntario. El consentimiento significa que los participantes poseen toda la información necesaria para decidir si desean participar en la investigación antes de que esta comience. El consentimiento informado no es un mero trámite: refleja la autonomía y la dignidad del participante. Por lo tanto, los formularios de consentimiento por escrito deben incluir información sobre el tratamiento de los datos, la confidencialidad, la grabación de audio o vídeo, el almacenamiento de los datos y cómo se informarán y utilizarán los resultados. Aunque el consentimiento verbal puede ser aceptable en algunos contextos informales, el consentimiento por escrito siempre es preferible para garantizar la rendición de cuentas y la transparencia. Además, quienes investiguen deben adaptar la comunicación a la madurez cognitiva y emocional de los jóvenes participantes, utilizando un lenguaje y unos formatos que puedan comprender con claridad.[3]
También es importante tener en cuenta el Reglamento General de Protección de Datos de la UE (RGPD), una ley de privacidad y seguridad que define las obligaciones de quienes tratan datos. Estas incluyen la obligación de implementar medidas de seguridad adecuadas de acuerdo con el riesgo que implique la operación de tratamiento de datos. El tratamiento de datos incluye cualquier acción de recopilación, registro, organización, estructuración, conservación o utilización de datos personales. En consonancia con esto, es importante que los jóvenes comprendan cómo se almacenarán y utilizarán los datos recopilados, e informarles de que tienen derecho a retirar su consentimiento en cualquier momento. Compruebe siempre el marco legal a nivel nacional y adapte la información a su grupo destinatario de una manera que realmente les permita otorgar un consentimiento informado (por ejemplo, proporcionando intérpretes u otro apoyo necesario).
Otro principio ético crucial es la protección de los participantes frente a cualquier daño, ya sea físico, psicológico o emocional. Quienes investiguen deben evaluar minuciosamente y minimizar cualquier posible malestar, vergüenza o riesgo de retraumatización. Esto incluye la salvaguardia contra la pérdida de la privacidad, la dignidad, la autoestima y la autonomía. La confidencialidad debe mantenerse mediante la anonimización de los datos y su almacenamiento seguro, limitando el acceso únicamente al personal autorizado.
En conclusión, la investigación ética que involucra a jóvenes exige sensibilidad, transparencia y un firme compromiso con la defensa de los derechos y el bienestar de los participantes. El cumplimiento de las normas éticas reconocidas no solo protege a los participantes, sino que también mejora la credibilidad y el valor social de los resultados de la investigación.
MÉTODOS DE INVESTIGACIÓN CUANTITATIVOS Y CUALITATIVOS
Los métodos cuantitativos se caracterizan por la recopilación de información que puede analizarse numéricamente. Los datos se presentan habitualmente mediante estadísticas, tablas y gráficos. La medición científica es clave en la investigación cuantitativa porque los datos son numéricos. En términos más sencillos, cuanto más representativa sea la muestra (un subconjunto de una población más amplia que refleja con precisión las características de todo el grupo), más probable será que el análisis refleje de manera exacta y precisa la realidad de las necesidades del grupo destinatario. La ventaja de los datos cuantitativos radica en su fiabilidad. Sin embargo, su limitación es que no logran proporcionar una descripción detallada y profunda de la necesidad.
Por esta razón, es importante combinar los métodos cuantitativos con los cualitativos, los cuales son, por definición, exploratorios. También se basan en la investigación empírica y la evidencia. Los datos cualitativos suelen retratar actitudes y percepciones, y pueden aportar un valor añadido al identificar y explorar factores como las expectativas culturales, los roles de género, las implicaciones étnicas y religiosas, y los sentimientos individuales. Los datos cualitativos exploran las relaciones y las percepciones de las personas. Pueden proporcionar información rica y detallada, y ofrecen una perspectiva en profundidad. Sin embargo, estos datos no son medibles de forma objetiva y, por lo general, involucran a un número reducido de participantes.[5]
¿Cuándo utilizarlo?
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Cuando se requiera una comprensión profunda de un problema específico.
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Para comprender el comportamiento, la percepción y las prioridades de las personas o de la comunidad.
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Para explicar la información proporcionada a través de los datos cuantitativos.
¿Por qué utilizarlo?
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Para explorar y comprender fenómenos.
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Para proporcionar una comprensión profunda de problemas específicos.
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Para obtener información detallada y completa, contextualización, interpretación y descripción.
Formato de los datos
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Los datos se pueden observar, pero no medir.
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Son principalmente descriptivos (palabras, imágenes, audio, vídeo), pero también categóricos.
¿Cuándo utilizarlo?
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Para obtener una comprensión amplia e integral de la situación.
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Para obtener las características sociodemográficas de la población.
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Para comparar relaciones y correlaciones entre diferentes problemas.
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Cuando se requieran datos exactos y precisos.
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Para generar evidencia sobre el tipo y la dimensión de los problemas.
¿Por qué utilizarlo?
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Para buscar una medición precisa, cuantificar y confirmar hipótesis.
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Para proporcionar una visión general.
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Para proporcionar características demográficas.
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Para obtener datos objetivos y fiables aptos para la generalización.
Formato de los datos
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Datos que se pueden contar o medir.
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Principalmente valores numéricos y categóricos.
Es importante señalar que se requiere una combinación de diferentes tipos y fuentes de datos para construir un panorama completo.
MÉTODOS QUE PUEDEN UTILIZARSE PARA IDENTIFICAR LAS NECESIDADES DE LOS GRUPOS DESTINARIOS
La Investigación-Acción Participativa es un método de investigación que involucra activamente a diversos actores de la comunidad en la planificación, implementación y evaluación de las acciones. Diferentes partes interesadas colaboran para abordar problemas específicos dentro de la comunidad.
La implementación exitosa de proyectos y acciones comunitarias no es posible sin la participación activa de los jóvenes a lo largo de todo el proceso, comenzando por la exploración de sus necesidades. Existen varios métodos para llevar a cabo una evaluación de necesidades como base para su posterior análisis, cada uno de ellos adaptado a diferentes contextos, actores clave y objetivos. A continuación se presentan algunos de ellos.
Un cuestionario es una herramienta estructurada que se utiliza para recopilar información de los participantes y representa uno de los métodos más aplicados en la investigación social para la obtención de datos. En el ámbito del trabajo con jóvenes, los cuestionarios sirven como un medio práctico y rentable para evaluar las necesidades, preferencias, actitudes y experiencias de la juventud. Cuando se diseñan con cuidado y se implementan de manera ética, pueden ofrecer información valiosa que sirva de base para los programas juveniles, el desarrollo de políticas y la participación comunitaria.
Diseñar un cuestionario eficaz es una tarea compleja que requiere claridad de propósito, objetivos bien definidos y una comprensión de la población destinataria. Un cuestionario debe incluir:
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Preguntas claras y unívocas.
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Un flujo lógico y una organización coherente de los elementos.
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Una longitud adecuada para evitar la fatiga de quien responde.
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Un lenguaje y tono adecuados para el grupo de edad encuestado.
Todos los cuestionarios deben ir acompañados de una carta de presentación en la que es importante incluir: quién realiza la encuesta, el objetivo, por qué se ha seleccionado a la persona encuestada, una mención a la confidencialidad y el anonimato, y la forma en que se utilizarán y almacenarán los datos.[9]
Los cuestionarios pueden ser cuantitativos, al contener preguntas cerradas como elementos de opción múltiple o escalas de valoración de Likert (donde la persona encuestada indica su nivel de acuerdo o desacuerdo con diferentes afirmaciones), o cualitativos, con preguntas abiertas que permiten a los participantes expresarse detalladamente con sus propias palabras. Cada vez más, se fomenta un enfoque de métodos mixtos —que combina ambos tipos— para captar tanto datos medibles como perspectivas llenas de matices.
Los cuestionarios se pueden distribuir en varios formatos, entre ellos:
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En papel (por ejemplo, en aulas o centros juveniles).
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Digitales (a través de correo electrónico, enlaces web o códigos QR, o plataformas de encuestas como Google Forms o SurveyMonkey).
Todos los cuestionarios deben ir acompañados de una carta de presentación en la que es importante incluir: quién realiza la encuesta, el objetivo de la misma, por qué se ha seleccionado a la persona encuestada, una mención expresa a la confidencialidad y al anonimato, y el modo en que se utilizarán y almacenarán los datos.[9]

Ventajas:
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Rentables y escalables: permiten recopilar datos de grandes grupos con un requerimiento de recursos relativamente bajo.
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Eficientes: las respuestas se pueden recopilar rápidamente y procesar mediante herramientas automatizadas.
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Estandarizados: las preguntas consistentes permiten realizar comparaciones estadísticas entre diferentes personas y grupos.

Limitaciones:
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Respuestas superficiales: especialmente con formatos de preguntas cerradas, que pueden no captar el contexto completo o el razonamiento de la persona.
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Sesgo de respuesta: los participantes pueden proporcionar respuestas socialmente deseables o malinterpretar las preguntas.
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Interacción limitada: a diferencia de las entrevistas o los grupos de discusión, los cuestionarios pueden no fomentar un diálogo profundo o una relación de confianza.

Adaptaciones:
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Los cuestionarios se pueden hacer más inclusivos utilizando tecnologías de asistencia para personas con discapacidad visual, como lectores de pantalla, magnificadores de pantalla y líneas Braille.
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Para los jóvenes que no se sientan cómodos expresándose en el idioma local, se pueden proporcionar traducciones.
La calidad de los datos depende en gran medida de la calidad de las preguntas. Por lo tanto, se recomienda realizar una prueba piloto del cuestionario con una pequeña muestra para identificar redacciones poco claras, problemas técnicos o de longitud antes de lanzar la encuesta completa.[10]
Al involucrar a los jóvenes de una manera respetuosa e inclusiva, los cuestionarios pueden fomentar un sentido de pertenencia y de ciudadanía activa. Sin embargo, los trabajadores en el ámbito de la juventud deben recordar que los datos de las encuestas por sí solos a menudo no responden al ‘porqué’ de las respuestas. Por esta razón, los cuestionarios son más eficaces cuando se utilizan junto con métodos cualitativos como grupos de discusión o entrevistas, que permiten una interpretación más profunda.

Consejos para los trabajadores en el ámbito de la juventud:
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Adapta el contenido al lenguaje y al contexto de tu grupo de jóvenes.
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Garantiza la transparencia ética, incluyendo el consentimiento, el anonimato y el uso de los datos.
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Considera formatos mixtos para equilibrar la amplitud y la profundidad de las respuestas.
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Realiza una prueba piloto del cuestionario para mejorar su fiabilidad y validez.
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Considera distribuir el cuestionario en los lugares que los jóvenes visitan con frecuencia.
Las entrevistas son un método de investigación cualitativa que ofrece una comprensión profunda de los pensamientos, emociones, experiencias y necesidades de las personas. En el ámbito del trabajo con jóvenes, las entrevistas son una herramienta especialmente valiosa porque permiten una comunicación directa con la juventud o con los actores clave, fomentando un entendimiento que va más allá de las respuestas superficiales. A diferencia de los cuestionarios, las entrevistas permiten un diálogo abierto, preguntas de seguimiento y aclaraciones, lo que puede revelar motivaciones complejas, inquietudes ocultas y perspectivas personales.
En la investigación con jóvenes y en la evaluación de necesidades, las entrevistas se utilizan habitualmente para:
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Explorar cómo perciben los propios jóvenes sus necesidades y desafíos.
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Recopilar opiniones (feedback) sobre servicios, programas o políticas.
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Identificar lagunas en las estructuras de apoyo juvenil existentes.
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Comprender el contexto personal o social en el que viven los jóvenes.
Las entrevistas se realizan normalmente de forma individual, ya sea cara a cara o en línea. También se pueden adaptar a formatos grupales (por ejemplo, entrevistas en parejas, entrevistas entre iguales) para fomentar el diálogo entre los participantes.
Existen diferentes estilos de entrevista en función de los objetivos del estudio:
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Entrevistas no estructuradas: Son informales y conversacionales, lo que permite que los participantes guíen la discusión. Son útiles para la investigación exploratoria, aunque más difíciles de analizar de manera sistemática.
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Entrevistas semiestructuradas: Es el formato más común en el trabajo con jóvenes. Siguen una guía de entrevista flexible con preguntas clave, pero permiten desviarse de ella en función de las respuestas del participante.[11]
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Entrevistas estructuradas: Implican un conjunto estricto de preguntas predeterminadas que se formulan en el mismo orden y de la misma manera. Aunque son más rígidas, permiten comparar más fácilmente las respuestas entre los participantes.
El enfoque semiestructurado logra un buen equilibrio entre consistencia y adaptabilidad. Permite a los trabajadores en el ámbito de la juventud mantenerse enfocados en los temas clave, al tiempo que da espacio a los jóvenes para expresarse libremente.

Ventajas:
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Proporciona datos cualitativos ricos y detallados.
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Permite una exploración más profunda de las necesidades y experiencias.
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Es flexible y adaptable al transcurso de la conversación.
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Construye confianza y una relación de cercanía con los participantes.

Limitaciones:
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Requieren mucho tiempo para su realización y posterior análisis.
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Existe la posibilidad de sesgo por parte del entrevistador.
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El tamaño reducido de la muestra puede no ser representativo.
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Requieren entrevistadores capacitados y con sensibilidad.

Adaptaciones:
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Las entrevistas se pueden hacer más inclusivas utilizando tecnologías de asistencia para personas con discapacidad visual, como lectores de pantalla, magnificadores de pantalla y líneas Braille.
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Para los jóvenes que no se sientan cómodos expresándose en el idioma local, se pueden proporcionar traducciones.
La realización de entrevistas requiere planificación, sensibilidad y habilidades de comunicación. Los siguientes consejos son esenciales para preparar y llevar a cabo entrevistas con jóvenes:
- Aclara tus objetivos: Ten claro qué información estás buscando. Esto ayuda a definir tus preguntas y a seleccionar a los participantes adecuados.
- Elabora una guía de entrevista: Prepara una lista de preguntas abiertas y de apoyo que estén alineadas con tus objetivos de investigación. Estas deben utilizar un lenguaje sencillo, claro y adecuado para la edad y el entorno de los participantes.
- Construye una relación de confianza: Especialmente con la juventud, es fundamental crear un entorno de confianza y respeto. Comienza con una conversación informal para ayudar a los participantes a sentirse cómodos.
- Practica la escucha activa: Muestra un interés genuino, utiliza señales no verbales y evita interrumpir. Realiza preguntas de seguimiento como: «¿Podrías contarme más sobre eso?»
- Asegura un registro preciso: Con el consentimiento previo, graba el audio de la entrevista para realizar una transcripción y un análisis precisos. Como alternativa, toma notas detalladas.
- Sé flexible: Deja que la conversación fluya de manera natural. A veces, las reflexiones más valiosas surgen de direcciones inesperadas.
Cuando se integran con otros métodos, como las encuestas o los grupos de discusión, las entrevistas contribuyen a una comprensión integral de las necesidades de los jóvenes, mejorando el diseño y la implementación de intervenciones eficaces y centradas en la juventud.
Los grupos de discusión (focus groups) son un método de investigación cualitativa ampliamente utilizado que reúne a un pequeño grupo de participantes para debatir temas específicos en un entorno estructurado pero abierto. Este enfoque es especialmente eficaz en el trabajo con jóvenes, ya que les permite compartir experiencias, expresar necesidades y reflexionar sobre diversos temas en un entorno social e interactivo. A diferencia de las entrevistas individuales, los grupos de discusión aprovechan la dinámica grupal para estimular la conversación, fomentar la generación de ideas y sacar a la luz inquietudes compartidas que, de otro modo, podrían quedar sin expresar.
Un grupo de discusión suele estar formado por entre 6 y 10 participantes, guiados por un facilitador que introduce el tema, formula preguntas abiertas y fomenta un debate inclusivo. En la investigación y la práctica con jóvenes, los grupos de discusión se pueden utilizar para:
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Explorar las actitudes de los jóvenes hacia un servicio, programa o tema.
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Identificar necesidades, prioridades y experiencias compartidas.
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Probar nuevas ideas o intervenciones de una manera participativa.
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Evaluar las percepciones de la comunidad o las normas culturales.
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Generar ideas para el desarrollo de proyectos o para la incidencia política.
Debido a que implican interacción grupal, los grupos de discusión pueden revelar no solo opiniones individuales, sino también influencias sociales, consensos y conflictos, ofreciendo así una comprensión más rica de cómo se relacionan los jóvenes con los temas de manera colectiva.[12]
El éxito de un grupo de discusión depende de un diseño cuidadoso y de una facilitación capacitada. Los elementos esenciales incluyen:
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Un propósito y una pregunta de investigación claros: Define qué quieres aprender y por qué el formato grupal es el más adecuado para ello.
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Selección de participantes: Elige a participantes que compartan características comunes relevantes para el tema (por ejemplo, edad, área geográfica, experiencia), garantizando al mismo tiempo la diversidad dentro del grupo cuando sea apropiado.
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Tamaño del grupo: Idealmente entre 6 y 10 personas. Se pueden utilizar grupos más pequeños (de 4 a 6 personas) para temas sensibles, mientras que los grupos más grandes pueden ser más difíciles de gestionar de manera eficaz.
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Moderador y co-moderador: El moderador principal facilita la discusión, mientras que el co-moderador toma notas, observa las dinámicas del grupo y se asegura de que ningún participante domine la conversación o quede excluido. Contar con dos facilitadores también refuerza el proceso de análisis posterior.
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Entorno y duración: Las sesiones suelen durar entre 60 y 90 minutos y deben llevarse a cabo en un entorno cómodo, confidencial y adaptado a los jóvenes, ya sea de forma presencial o en línea.
Un grupo de discusión debe seguir una guía de entrevista flexible que conste de preguntas abiertas, neutras y sin ambigüedades. Estas deben:
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Fomentar la libre expresión (por ejemplo: «¿Podrías describir tu experiencia con…?»).
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Evitar formulaciones capciosas o que impliquen un juicio de valor (por ejemplo: «¿Por qué crees que ocurrió eso?» en lugar de «¿No crees que eso estuvo mal?»).
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Incluir apoyos o preguntas de seguimiento para explorar las ideas en profundidad.
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Comenzar con preguntas generales y avanzar hacia temas más específicos o sensibles.
También es útil planificar actividades de introducción o dinámicas rompehielos, especialmente cuando se trabaja con jóvenes, para reducir la ansiedad y fomentar la confianza desde el inicio de la sesión.

Ventajas:
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Facilita el debate y la generación de ideas.
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Fomenta la interacción grupal y la reflexión.
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Revela las dinámicas de grupo y las perspectivas compartidas.
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Puede sacar a la luz temas inesperados o normas comunitarias.
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Es rentable para recopilar múltiples puntos de vista a la vez.

Limitaciones:
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Riesgo de que los participantes más dominantes monopolicen la conversación.
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Menor anonimato en comparación con las entrevistas individuales.
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Los datos pueden ser complejos y requerir mucho tiempo para su análisis.
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El efecto de pensamiento de grupo puede silenciar las opiniones discrepantes.
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No es el método ideal para abordar temas muy sensibles o privados.

Adaptaciones:
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Los grupos de discusión se pueden hacer más inclusivos utilizando tecnologías de asistencia para personas con discapacidad visual, como lectores de pantalla, magnificadores de pantalla y líneas Braille.
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Para los jóvenes que no se sientan cómodos expresándose en el idioma local, se pueden proporcionar traducciones.
Los grupos de discusión son valiosos en el trabajo participativo con jóvenes porque ponen en el centro las voces colectivas y empoderan a la juventud para entablar un diálogo sobre los temas que más les importan.
[1] (1) McLeod, S. (2025.) Maslow Hierarchy of Needs. Simply Psychology. https://www.simplypsychology.org/maslow.html.
[2] (2) American Psychological Association (APA). (2017). Ethical Principles of Psychologists and Code of Conduct. https://www.apa.org/ethics/code .
[3] (3) Powell, M. A., Fitzgerald, R., Taylor, N., & Graham, A. (2012). International Literature Review: Ethical Issues in Undertaking Research with Children and Young People. Lismore: Southern Cross University.
[4] (4) GDPR.eu. What is GDPR, the EU’s new data protection law? Retrived August 2025. from https://gdpr.eu/what-is-gdpr/.
[5] (5) ACAPS (2012.) Qualitative and Quantitative Research Techniques for Humanitarian Needs Assessment.
[6] (6) ACAPS (2012.) Qualitative and Quantitative Research Techniques for Humanitarian Needs Assessment based on WFP (2009).
[7] (7) ACAPS (2012.) Qualitative and Quantitative Research Techniques for Humanitarian Needs Assessment based on WFP (2009).
[8] (8) Cohen, L., Manion, L., & Morrison, K. (2018). Research Methods in Education (8th ed.). Routledge.
[9] (9) Mathers, N, Fox, N. and Hunn, A. (2007). Surveys and questionnaires. Trent RDSU.
[10] (10) Dillman, D. A., Smyth, J. D., & Christian, L. M. (2014). Internet, Phone, Mail, and Mixed-Mode Surveys: The Tailored Design Method (4th ed.). Wiley.
[11] (11) Kvale, S., & Brinkmann, S. (2015). InterViews: Learning the Craft of Qualitative Research Interviewing (3rd ed.). Sage.
[12] (12) Krueger, R. A., & Casey, M. A. (2015). Focus Groups: A Practical Guide for Applied Research (5th ed.). Sage.
Needs analysis activities
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MODULE 1 NEEDS ANALYSIS
Needs analysis activities
MODULE 2 MUSIC AND MOVEMENT

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